Tema 30
La inflación: naturaleza, clases y efectos. Teorías. Políticas antiinflacionistas.
Introducción
La inflación —subida sostenida y generalizada del nivel de precios— erosiona el poder adquisitivo, distorsiona decisiones y genera costes sociales. El episodio inflacionario 2021-2024, con máximos del 10,8 % en España (julio 2022) y del 8,6 % en la UE, ha sido el más grave en 40 años. Analizar sus causas y políticas correctivas es capital.
1. Concepto, medición y clasificación
1.1. Medición
La inflación se cuantifica mediante índices de precios que miden la variación del coste de una cesta representativa de bienes y servicios. El IPC (Índice de Precios de Consumo) es el indicador de referencia para los hogares: en España, el INE actualiza anualmente una cesta de ~479 productos organizada en 12 grupos según la clasificación COICOP, ponderada por la Encuesta de Presupuestos Familiares. El IPCA (Índice de Precios de Consumo Armonizado) sigue la metodología homogénea de Eurostat y permite comparaciones entre los 27 Estados miembros; es el indicador que el BCE monitoriza para su objetivo del 2 %. El deflactor del PIB es el índice más amplio: cubre todos los bienes y servicios producidos en la economía —no solo los consumidos— e incluye la inversión y el gasto público; por ello es el más adecuado para medir la inflación «macroeconómica» estructural. La inflación subyacente (IPSEBENE en la metodología española) excluye alimentos no elaborados y energía, dos componentes muy volátiles cuya variación no refleja necesariamente presiones inflacionistas persistentes; es el indicador que los bancos centrales priorizan para calibrar la política monetaria. En 2023, la subyacente española alcanzó el 7,6 %, valor que indicaba la persistencia de presiones inflacionistas incluso cuando la energía ya se había moderado.
1.2. Clasificación
La inflación moderada (por convención, por debajo del 3-5 % anual) es compatible con el funcionamiento normal de la economía; de hecho, los bancos centrales modernos fijan objetivos del 2 % como umbral de referencia que evita el riesgo deflacionario. La inflación galopante (dos dígitos) erosiona la confianza en la moneda, distorsiona la asignación de recursos y redistribuye renta de los ahorradores a los deudores. La hiperinflación, definida por Cagan (1956) como una tasa superior al 50 % mensual, destruye la función del dinero como unidad de cuenta y medio de pago: el caso de Alemania (1923), Zimbabue (2007-2008, hasta 89 sextillones % interanual según el Banco Central) y Venezuela (2019, ~10.000.000 % anual) son los referentes históricos. La deflación, caída sostenida del nivel de precios, puede ser benigna (aumento de productividad) o perniciosa (espiral deflacionaria de Fisher 1933, donde la caída de precios aumenta la carga real de la deuda, reduce consumo e inversión y retroalimenta la deflación). La experiencia japonesa de la «década perdida» (1990-2000) y la Eurozona en 2014-2015 son casos recientes. La estanflación, combinación de inflación y estancamiento, desafía los modelos keynesianos estándar y fue el fenómeno central de los años 70 (shock del petróleo 1973 y 1979), que llevó al ascenso del monetarismo y del supply-side economics.
Clasificación
Tipos de inflación: definición, ejemplo histórico y política recomendada
| Definición | Ejemplo histórico | Política recomendada | |
|---|---|---|---|
| Moderada | <5 % anual; compatible con economía sana | Eurozona 2015-2020 | Mantener objetivo 2 % |
| Galopante | Dos dígitos; redistribución agresiva | España 1976 (~20 %); 2022 (10,8 %) | Endurecimiento monetario + rentas |
| Hiperinflación | >50 % mensual (Cagan 1956) | Alemania 1923; Venezuela 2019 | Reforma monetaria; dolarización |
| Deflación | Caída sostenida de precios | Japón 1990s; Eurozona 2014-15 | QE; tipos negativos; estímulo fiscal |
| Estanflación | Inflación + estancamiento | OPEP 1973, 1979 | Política de oferta; rentas; gradualismo |
2. Teorías sobre la inflación
2.1. Teoría cuantitativa (Fisher 1911)
Irving Fisher (1911), en The Purchasing Power of Money, formalizó la relación entre la cantidad de dinero y el nivel de precios: MV = PT, donde M es la oferta monetaria, V la velocidad de circulación, P el nivel de precios y T las transacciones reales. En la versión de Cambridge (Marshall, Pigou), la demanda de dinero se formula como Md = kPY, con k la fracción de la renta que los agentes desean mantener en efectivo. Si V (o k) y Y son estables a corto plazo —supuesto clásico—, los cambios en M se transmiten proporcionalmente a P. Esta es la base teórica del monetarismo de Friedman (1956): «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario» (A Monetary History, 1963). La evidencia empírica confirma la relación M-P a largo plazo pero no a corto: la velocidad V ha mostrado inestabilidad notable (especialmente desde los años 80, con la innovación financiera, y durante el QE 2009-2022, cuando la expansión del balance del BCE no generó inflación inmediata). El episodio 2021-2022 reavivó el debate: la expansión monetaria postpandémica coincidió con la mayor inflación en 40 años, aunque el mecanismo fue mediado por shocks de oferta y fiscales.
2.1 bis. Efecto Fisher: inflación y tipos de interés
Irving Fisher (1930) estableció que el tipo de interés nominal (i) incorpora la inflación esperada: i ≈ r + π_e, donde r es el tipo real. Lo que guía las decisiones de ahorro e inversión es el tipo real ex ante (r = i − π_e), no el nominal. En 2022-2023, con inflación muy superior a los tipos nominales, los tipos reales fueron fuertemente negativos: favorecieron a los deudores (incluido el Estado) y penalizaron a los ahorradores. El efecto Fisher conecta la inflación con la política monetaria —el BCE sube el tipo nominal para que el tipo real suba— y con la sostenibilidad de la deuda (relación g − r del Tema 22).
2.2. Inflación de demanda y de costes
La distinción entre los orígenes de la inflación es fundamental para diagnosticar qué política es la adecuada. La inflación de demanda (demand-pull) surge cuando el gasto agregado —consumo, inversión, gasto público, exportaciones netas— supera la capacidad productiva de la economía. Gráficamente, es un desplazamiento de la curva de demanda agregada hacia la derecha con oferta inelástica: el exceso de demanda se resuelve mediante subidas de precios en lugar de expansión de la producción. Ocurre típicamente en las fases altas del ciclo (sobrecalentamiento), en episodios de estímulo fiscal o monetario excesivo, o —como en 2020-2021— cuando la demanda embalsada durante la pandemia se libera de golpe. La solución canónica es contractiva: subida de tipos, reducción del gasto público o del crédito. La inflación de costes (cost-push) tiene un origen diferente: un shock que encarece los inputs productivos —petróleo (1973, 1979), gas (2021-2022), materias primas, salarios— desplaza la curva de oferta agregada hacia arriba, generando simultáneamente inflación y caída de la producción (estanflación). La respuesta de política es más difícil: subir tipos frena la demanda pero agrava la caída de producción; bajarlos estimula la actividad pero acelera la inflación. Los años 70 ilustraron esta trampa; el BCE en 2022-2023 optó por priorizar la estabilidad de precios, aceptando el coste en actividad. La inflación de inercia (o built-in) aparece cuando las expectativas inflacionarias pasadas se incorporan a los contratos salariales y los convenios: si los trabajadores esperan un 5 % de inflación el año que viene y negocian aumentos salariales del 5 %, las empresas repercuten el aumento de costes en precios, confirmando la expectativa. Esta espiral salario-precios fue el mecanismo dominante de la inflación española de los años 70-80 (tasas del 15-20 %) y explica la importancia de los Pactos de la Moncloa (1977) para romperla. La inflación importada opera vía tipo de cambio: una depreciación del euro encarece las importaciones denominadas en dólares (energía, materias primas); en 2022, la depreciación del 15 % del euro frente al dólar amplificó el shock energético para la eurozona. Finalmente, la greedflation o inflación de márgenes (Weber-Wasner 2023, PNAS; BCE 2023) es la hipótesis de que en 2021-2023 las empresas —especialmente en energía, alimentación y distribución— aprovecharon la opacidad del shock de oferta para ampliar sus márgenes más allá de lo necesario para compensar el aumento de costes, contribuyendo a sostener la inflación. La descomposición del deflactor del PIB español por el Banco de España (2023) muestra que los beneficios empresariales unitarios aportaron entre un tercio y la mitad del crecimiento del deflactor en algunos sectores —un dato que el debate académico no ha cerrado.
Fuentes de la inflación
Cinco mecanismos que generan inflación
2.3. Curva de Phillips y NAIRU
Phillips (1958): relación negativa paro-inflación. Friedman-Phelps (1967-68): curva vertical a LP. NAIRU: tasa de paro que no acelera la inflación. Lucas (1976): crítica y expectativas racionales.
Versión moderna (Galí-Gertler 1999, New Keynesian Phillips Curve): π = β·E[π_{t+1}] + κ·brecha_producción. Combina expectativas racionales y rigideces de precios à la Calvo. Es el caballo de batalla de los modelos DSGE del BCE y del Banco de España.
Curva de Phillips
Phillips a corto plazo (SRPC) y largo plazo (LRPC = NAIRU)
2bis. La regla de Taylor y el inflation targeting
Regla de Taylor (1993) y mandatos modernos
John Taylor (1993) propuso una regla de política monetaria sencilla: i = r* + π + α(π − π*) + β(brecha de producción), con α mayor que 1 (principio de Taylor: subir más que la inflación para que el tipo real suba). Es la base implícita de muchos bancos centrales. El BCE adoptó en 1998 una estrategia de dos pilares (análisis económico y monetario); en 2021 (revisión estratégica) abrazó el objetivo simétrico del 2 % de inflación a medio plazo. La Fed, desde 2020, sigue un objetivo de inflación promedio (FAIT, average inflation targeting): tolera inflaciones temporalmente algo superiores al 2 % si han ido precedidas de inflación inferior.
El inflation targeting nació en Nueva Zelanda (1990); hoy lo aplican más de 40 economías (Reino Unido, Suecia, Canadá, Brasil, Chile, México). Sus pilares son: objetivo numérico explícito, transparencia, rendición de cuentas, independencia operativa del banco central. La Eurozona no es un IT puro pero converge funcionalmente: comunica proyecciones, publica actas, ancla expectativas.
Inflation targeting
Adopción del IT por bancos centrales (1990-2021)
3. Efectos de la inflación
3.1. Costes
Los costes de la inflación son múltiples y actúan por canales distintos. Los costes de suela de zapato (shoe-leather costs) reflejan el esfuerzo que hacen los agentes para economizar el uso del dinero en efectivo —cuya rentabilidad real se erosiona— recurriendo más frecuentemente a entidades financieras o a activos líquidos remunerados; en un contexto de tipos digitales y cuentas corrientes remuneradas, este coste se ha transformado pero no desaparecido. Los costes de menú son los gastos en que incurren las empresas para actualizar listas de precios, catálogos y etiquetas; con precios digitales dinámicos la fricción es menor, pero en sectores con contratos a largo plazo (alquileres, convenios colectivos) la rigidez sigue generando pérdidas de eficiencia. La redistribución es el efecto más relevante socialmente: la inflación no anticipada transfiere riqueza de los acreedores (prestamistas, tenedores de bonos a tipo fijo, ahorradores) a los deudores (prestatarios, Estado emisor de deuda); en 2022-2023, con tipos nominales muy por debajo de la inflación, los tipos reales fueron fuertemente negativos, aliviando la carga de la deuda pública española pero deteriorando el poder adquisitivo de los depósitos. El fiscal drag surge cuando los tramos del IRPF no se actualizan con la inflación: los contribuyentes pagan más impuesto en términos reales aunque su renta real sea la misma; el Gobierno español deflactó parcialmente el IRPF en 2023 para corregirlo. La incertidumbre inflacionaria aumenta la prima de riesgo exigida en los contratos y deprime la inversión a largo plazo. Por último, la inflación diferencial respecto a los socios comerciales genera una apreciación del tipo de cambio real que deteriora la competitividad-precio de las exportaciones y el turismo, un riesgo especialmente relevante para España en el seno de la Eurozona, donde el tipo de cambio nominal es fijo.
4. Políticas antiinflacionistas
4.1. Instrumentos
• Monetaria: subida tipos (BCE 2022-23), reducción base monetaria.
• Fiscal: reducción déficit.
• Rentas/pactos: Pactos de la Moncloa 1977; pacto AMI años 80.
• Oferta: liberalizar, reducir costes.
• Anclaje de expectativas: objetivos (BCE: 2 % medio plazo). Inflation targeting (Nueva Zelanda 1990).
Instrumentos antiinflacionistas
Mecanismo, condición de uso y ejemplo reciente
| Instrumento | Mecanismo | Cuándo se aplica | Ejemplo reciente |
|---|---|---|---|
| Política monetaria | Sube tipo de interés; reduce crédito y DA | Inflación de demanda o expectativas desancladas | BCE: 0 % → 4,5 % (2022-23) |
| Política fiscal | Reduce déficit; baja gasto o sube impuestos | Inflación de demanda con exceso de estímulo fiscal | Reducción bonificaciones energéticas 2023 |
| Política de rentas / pactos | Acuerdo salarios-precios-márgenes; rompe espiral | Inflación de costes o salarial; expectativas persistentes | Pactos Moncloa 1977; AENC V 2023-25 (4 %/3 %/3 %) |
| Política de oferta | Reduce costes vía regulación, competencia, eficiencia | Inflación estructural de costes; cuellos de botella | Liberalización mercado gas; reforma PAC |
| Anclaje expectativas | IT: objetivo numérico creíble; comunicación | Inflación por expectativas desancladas | BCE objetivo 2 % simétrico (revisión 2021); forward guidance |
5. Episodio actual 2021-2024
5.1. Causas del episodio inflacionario
La inflación de 2021-2024 fue un fenómeno multicausal que no encaja bien ni en el modelo puro de demanda ni en el de costes: fue simultáneamente las dos cosas, con retroalimentación entre ambas. El primer impulso fue un shock de oferta negativo: los cuellos de botella en cadenas de suministro globales —semiconductores, fletes marítimos, materias primas— provocaron escasez y encarecimiento en 2021 antes incluso del estallido de la guerra. El segundo impulso fue la demanda embalsada: los hogares habían acumulado ~500.000 M€ de ahorro forzoso en la eurozona durante el confinamiento (BCE 2022), que liberaron en 2021-2022 de forma concentrada, desbordando la capacidad productiva. El tercer impulso, detonante de la segunda ola inflacionaria, fue la invasión rusa de Ucrania (febrero 2022): el corte progresivo del gas ruso (que representaba el 40 % de las importaciones europeas) disparó el TTF europeo de 20 €/MWh a 340 €/MWh en agosto 2022. El cuarto ingrediente fue la greedflation —ya analizada en §2.2—: la descomposición del deflactor del PIB español por el Banco de España (2023) mostró que los excedentes empresariales explicaron entre un tercio y la mitad del crecimiento de precios en hostelería, distribución y energía durante 2021-2023, abriendo un debate académico aún no cerrado entre Weber-Wasner (2023, PNAS) y quienes atribuyen el fenómeno a efectos de composición sectorial.
5.2. Respuesta del BCE: política monetaria 2022-2024
La respuesta del BCE es el episodio de política monetaria más intenso desde la creación del euro. El Consejo de Gobierno inició la normalización en julio 2022 —cuando la inflación ya llevaba nueve meses acelerándose— con una subida de 50 pb (la primera desde 2011), acelerando después hasta +75 pb en septiembre y octubre 2022. El tipo de las operaciones principales pasó de 0 % a 4,5 % entre julio 2022 y septiembre 2023 en diez subidas consecutivas, el ciclo de endurecimiento más rápido de la historia del euro. La Fed fue más rápida: llegó al 5,25-5,5 % en julio 2023. El debate interno en el BCE entre halcones (Weidmann-Nagel: subir más rápido para anclar expectativas; Bundesbank) y palomas (Lagarde-Villeroy-Lane: subir pero gradualmente, poniendo el foco en el coste para la deuda soberana periférica) fue especialmente agudo en 2022-2023. El activación del TPI (Instrumento de Protección de la Transmisión) en julio 2022 fue la respuesta al riesgo de fragmentación: permite compras ilimitadas de deuda soberana de países con fundamentos sólidos que sufran ampliación injustificada de spreads. Las expectativas de inflación a largo plazo (ECB Survey of Professional Forecasters, SPF) se mantuvieron ancladas en torno al 2 % durante todo el ciclo, lo que evitó una espiral de salarios al estilo de los años 70 y facilitó la desinflación: la inflación de la eurozona bajó del 10,6 % (octubre 2022) al 2,4 % en noviembre 2024.
Política monetaria BCE 2022-2024
Cronología de subidas y bajadas de tipos del BCE
IPC interanual España (INE). Pico 10,8 % en julio 2022; retorno al 2-3 % en 2024.
5.3. Efectos sobre la economía española
El episodio inflacionario 2022-2023 erosionó cerca de un 5 % el poder adquisitivo medio de los hogares. El escudo social aprobado por el Gobierno (RDL 6/2022, 11/2022, 20/2022) incluyó: bonificación al combustible (20 cts./litro), bono social eléctrico ampliado, IVA del 0 % en alimentos básicos, ayuda directa de 200 € a hogares de renta baja, prohibición de cortes de suministros vulnerables, tope del 2 % a actualizaciones de alquiler. La excepción ibérica (RDL 10/2022) limitó el precio del gas en la formación del precio mayorista de la electricidad, reduciendo la factura eléctrica entre un 15 % y un 20 % durante 2022-2023.
La inflación subyacente (sin alimentos frescos ni energía) tardó más en moderarse: alcanzó el 7,6 % en febrero de 2023 y bajó al 2,5 % a finales de 2024. La revalorización de las pensiones según IPC y la subida del SMI a 1.134 € amortiguaron parcialmente el efecto sobre los colectivos vulnerables, aunque Funcas y el Banco de España calculan que el quintil de menor renta perdió un 8 % de poder adquisitivo, frente al 2 % del quintil más alto.
Conclusión
La inflación es el fenómeno macroeconómico más político de todos: redistribuye riqueza entre ahorradores y deudores, erosiona el poder adquisitivo de los asalariados, distorsiona las señales de precios que guían la inversión, y puede desestabilizar el sistema financiero cuando se vuelve crónica o se convierte en hiperinflación. Su análisis exige distinguir entre inflación de demanda (demand-pull), de costes (cost-push) e inercia con expectativas desancladas —distinción que determina la respuesta óptima de política económica.
El tema ha recorrido tres eje teóricos y uno empírico. El teórico-monetarista: la ecuación cuantitativa de Fisher (1911) y la afirmación de Friedman (1963) de que «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario» —corroborada a largo plazo, matizada a corto por la inestabilidad de la velocidad. El teórico-keynesiano-nuevo: la curva de Phillips (1958), su reformulación con expectativas por Friedman-Phelps (1967-68) y el NAIRU, y la versión moderna de Galí-Gertler (1999) con expectativas racionales y rigideces de precios. El teórico-institucional: la regla de Taylor (1993), el inflation targeting (Nueva Zelanda 1990, BCE 1998 y revisión 2021) y la crítica de credibilidad de Lucas (1976). El empírico: el episodio 2021-2024, la respuesta del BCE y la Fed, el papel del shock de oferta, la greedflation y la moderación inflacionaria de 2024.
Las conexiones con el temario son directas. La curva de Phillips vincula inflación con paro: véase Tema 31. La política monetaria antiinflacionista es el instrumento central del BCE, estudiado en el marco de la integración europea del Tema 34. Los pactos de rentas (Moncloa 1977, AENC 2023-25) son el puente entre este tema y el sindicalismo del Tema 33. La inflación erosiona la sostenibilidad del Estado del Bienestar: conexión con el Tema 36.
Frase-síntesis: «La inflación es un impuesto sin legislación sobre el valor del dinero; un impuesto que penaliza a los ahorradores y premia a los deudores, que distorsiona los contratos y que socava la confianza en la moneda como institución social. Controlarla exige credibilidad del banco central, coordinación fiscal y, cuando los costes son el factor dominante, acuerdos de rentas que rompan la espiral» (Blanchard 2017; Banco de España 2023).
- FISHER, I. (1911): The Purchasing Power of Money.
- CAGAN, P. (1956): «The Monetary Dynamics of Hyperinflation», in Friedman.
- PHILLIPS, A.W. (1958): «The Relation between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates», Economica.
- FRIEDMAN, M. (1968): «The Role of Monetary Policy», AER, 58.
- PHELPS, E. (1967): «Phillips Curves, Expectations...», Economica, 34.
- LUCAS, R.E. (1976): «Econometric Policy Evaluation», CRCS.
- BLANCHARD, O. (2017): Macroeconomics, 7a ed., Pearson.
- BCE (2024): Monthly Bulletin; INE (2024): IPC.
- Pactes de la Moncloa (1977).
Síntesis del tema
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