Supuesto 8
Enunciado
El modelo neoclásico estándar del mercado de trabajo predice que un salario mínimo por encima del salario de equilibrio reduce el empleo. Sin embargo, Card y Krueger (1994, Minimum Wages and Employment: A Case Study of the Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania, AER) mostraron empíricamente que la subida del salario mínimo en Nueva Jersey no redujo el empleo en el sector de comida rápida frente al estado control (Pennsylvania). Este resultado puso en cuestión el modelo competitivo y abrió el debate sobre el monopsonio en los mercados laborales.
Considere un municipio rural de Andalucía con un mercado de trabajo para trabajadores agrícolas temporales. Se ofrecen los siguientes datos (situación anterior a la subida del SMI):
Oferta laboral: Ls = 200 + 10w
Demanda laboral (mercado competitivo): Ld = 800 − 20w
SMI fijado: wmin = 15 €/hora
Se pide:
- Calcular el salario y el empleo de equilibrio competitivo y determinar si el SMI es vinculante.
- Calcular el desempleo generado por el SMI en el modelo competitivo.
- Explicar por qué en un mercado monopsonístico el SMI puede aumentar el empleo, con apoyo en los hallazgos de Card-Krueger (1994).
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En el modelo walrasiano de competencia perfecta, el salario de equilibrio iguala oferta y demanda de trabajo. El SMI es vinculante (binding) cuando se fija por encima del salario de equilibrio, creando un exceso de oferta (desempleo voluntario/friccional + desempleo estructural).
El SMI fijado es wmin = 15 €/hora. Como wmin = 15 < w* = 20, el salario mínimo está por debajo del salario de equilibrio y, por tanto, no es vinculante en este mercado concreto. El equilibrio se mantiene en w* = 20 y L* = 400. El SMI sólo reduciría el empleo si se fijase por encima de 20 €/h.
w* = 20 €/hora | L* = 400 trabajadores. SMI = 15 €/h es no vinculante (está por debajo del equilibrio).
Para analizar el efecto de un SMI vinculante, supongamos que el regulador fija wmin = 25 €/hora (por encima del equilibrio competitivo de 20 €/h). En el modelo estándar, esto genera desempleo.
El desempleo de 150 personas (33,3 % de la oferta al nuevo salario mínimo) refleja dos efectos: (i) reducción de la demanda de trabajo por las empresas (−100 puestos respecto al equilibrio) y (ii) atracción de nuevos oferentes por el salario más alto (+50 trabajadores que antes estaban inactivos y ahora quieren trabajar).
Con SMI = 25 €/h: empleo cae a 300 | desempleo generado = 150 trabajadores (100 por destrucción de empleo + 50 por nuevas entradas al mercado).
En un mercado monopsonístico (un único empleador dominante), la curva de oferta de trabajo que enfrenta la empresa tiene pendiente positiva: para contratar más trabajadores debe subir el salario a todos los empleados, no sólo al marginal. Esto implica que el coste marginal laboral (CML) supera al salario (w): CML > w. El monopsonista maximiza beneficios donde CML = VPMgL (valor del producto marginal del trabajo), lo que resulta en un salario y un empleo inferiores al óptimo competitivo.
En este contexto, un SMI puede en realidad aumentar el empleo: al fijar un salario mínimo, se “aplana” la curva de oferta para la empresa hasta wmin, eliminando el poder monopsónico. Si wmin se sitúa entre el salario monopsonístico y el salario competitivo, la empresa aumenta su contratación. Card y Krueger (1994) encontraron que la subida del salario mínimo de New Jersey de 4,25 a 5,05 dólares/hora no redujo el empleo en comida rápida (usando Pennsylvania como control en un diseño de diferencias en diferencias), resultado coherente con la presencia de poder monopsónico en ese mercado.
El debate sobre el salario mínimo ilustra la tensión entre el modelo neoclásico estándar (SMI reduce empleo siempre que sea vinculante) y los modelos con imperfecciones de mercado (monopsonio, búsqueda y emparejamiento, salarios de eficiencia). Dube, Lester y Reich (2010, Minimum Wage Effects Across State Borders, REStat) ampliaron la metodología de Card-Krueger a nivel de condados y confirmaron efectos empleo cercanos a cero. En España, el incremento del SMI de 900 a 1.080 €/mes en 2023 fue objeto de un intenso debate: el Banco de España estimó una destrucción de entre 80.000 y 120.000 empleos, mientras que AIReF (2021, Evaluación del SMI 2017-2021) concluyó que el impacto sobre el empleo fue pequeño pero heterogéneo: mayor destrucción en colectivos vulnerables (jóvenes, baja cualificación) en regiones con menor coste de vida. La discusión subraya que el efecto empleo del SMI depende críticamente del grado de competencia del mercado laboral local, confirmando la relevancia del modelo de monopsonio para evaluar la política de rentas mínimas.